sábado, 6 de junio de 2015

Esta declaración tiene nombre y es el tuyo

Hoy me he levantado
me he dirigido a la cocina de puntillas
bordeando las islas de ropa
que conquistaban el suelo de mi habitación
he preparado café para dos
y mi vida para ti
no he podido evitar sonreír al pensar 
que seguirías desnuda en mi cama
y tras llenar dos vasos
de canciones y zumo de poesía
he regresado a nuestro fuerte
descalza
por el suelo frío
como camino por tu corazón



y me he despertado.


domingo, 24 de mayo de 2015

Cierro y me quedo

Acertando a pintarse las uñas sin salirse por las líneas discontinuas de la carretera, acaba de tomar una curva tan cerrada que se le ha abierto la mente. Las luces de la calle le parecen fuegos articifiales, disfruta de su último cigarro como si fuese su primer segundo de vida. Calada tras calada por la lluvia le sonríe a los semáforos en rojo y cruza a ciegas con las manos en los bolsillos traseros de otro. No hay nadie por las calles, la ciudad está abarrotada.
Suena en sus cascos una canción que nunca ha escuchado y que se acaba de convertir en su canción casi favorita, sexo y menos siete dramas en su cabeza dejando la luna medio vacía, se llena de cerveza hasta desbordar de felicidad.

No puedes quererla bien porque no se deja querer.

Cierra los labios y abre los ojos, todo gira alrededor de sus dedos, anillos que destroza a puñetazos contra las paredes de su indiferencia. Echa a correr y frena en frío en pleno verano, ¿de dónde cojones ha salido esta sonrisa de póquer? se pregunta mientras mira su reflejo en los miles de ladrillos que acaba de salir por los aires. Es tan libre que se siente presa de ella misma, rompe sus barrotes y entonces, solo entonces, echa a volar.

Quiérela aunque diga que no se deja querer.

Camina pisando las baldosas amarillas que se encienden justo delante de las puntas de sus miedos, se conoce todos los caminos de todas las casas en las que un día le hizo perder vergüenza al misterio. Ojos que no ven, noche que acaba en orgasmo. Pero se acaba de ir de tu ilusión dejando una nota en la encimera: 'no me llames nunca, me verás en gran Vía cualquier día en el que yo no esté allí.' Y mientras tanto ella espera desesperada teniendo espejismos de su colonia entre las miles de personas que se atrevan a llenar Madrid de pisadas.

Quiérela, joder.

Ha vuelto a la vida, ha encajado perfectamente las llaves de su vida en una cerradura ciega y sin puerta. Entra en casa de puntillas para no despertar sospechas a todos los venconmigoparasiempre que no se han atrevido nunca a pedírselo. Es nociva, veneno directo en vena, convierte en yonkies a todos los que se atreven a rozarle los labios. Escasean sus cumplidos, convierte en 'quizá algún día' todo lo que toca, pero no toca nada.

Nunca.

Ódiala hasta no poder quererla más.








sábado, 16 de mayo de 2015

Tormenta seca

Tiembla el suelo, observa impasible, se rompen los cristales en más de siete continentes.

grita

Hace exactamente doce vidas que aprendió a bailar bajo las tormentas eléctricas, sortea los rayos haciéndose una ralla encima de los charcos de desesperación que han llorado otros, pero ella no. Ejerce de funambulista sobre los renglones torcidos que ni Dios ha sido capaz de enderezar, se sienta todas las noches en el borde de su precipicio favorito a desojar margaritas secas mientras balancea los pies sobre su destino.

y grita
Araña las pizarras con los dientes, es la primera en llegar a todas las traiciones y parques de atracciones con montañas rusas que suben y prometen, y bajan, y mienten. Caída libre desde el infierno, siente el vértigo de no sentir absolutamente nada.

y grita

¿Sabes lo que es fuego? Fuego es ella.
Tiene la extraña manía de quererse cada día más de lo que se podría permitir. Mastica chinchetas con chicles de menta y escupe mariposas a todas sus ex-tequieropero que ahora se mueren de frío.
Odia mentir, aunque lo haga; 
odia querer, aunque lo haga; 
odia echar de menos, aunque lo haga; 
odia haberse visto siendo de alguien más ególatra que este texto, pero como todos: necesitamos tener a quien echarle las culpas cuando todo va mal, a quien quitarle las ganas cuando nos va bien.

Acaba de confesar que no le gusta estar sola, que prefiere estar consigo misma. Quiere sentir algo que no sea el peso del mundo o la ausencia de tristeza. No le mires directamente a los ojos, sabe por dónde vas. Es de las que se cortan el pelo por no cortarse la cabeza

y grita.



miércoles, 13 de mayo de 2015

Serendipity


¿Hola?

Genial, el buzón de voz.

Llámame cuando escuches esto, anda.

Me he despertado a las 5:37 en una cama que no era la mía rodeada de petacas y dardos fluorescentes, estaba corriendo hacia la nada para llegar al centro de tu afirmación silenciada cuando me ha encontrado una hoguera a la que he tirado todos nuestros recuerdos, y me ha parecido verte arder entre las llamas.
Estaba acercandome a ti cuando me he quemado las manos.
No recordaba lo mucho que escocías hasta que has desaparecido con la misma rapidez con la que llegaste a mi centro de control, y me he visto llena de llagas en las que no has dejado de meter el cuerpo entero mientras volvía a casa para contarte esto. Y sigues tirándome limón a las heridas ahora que te hablo de lo preciosa que quedaría tu ausencia entre luces de neón y humo azul.
Esforzarme en olvidarte es como intentar apagar un fuego con alcohol
acabar bebiéndomelo
y quemándome por gilipollas.

Son las 6:42 y ahora lo entiendo
tú eres las llamas
mejor no me llames.


-Click.-

viernes, 8 de mayo de 2015

Rotos descosidos


Se paseaba descalza por sus ruinas tarareando su canción favorita mientras jugaba con una moneda de aire haciéndola bailar entre sus dedos. Siempre que sorprendía a alguien mirando fijamente al vacío se sentía identificada con los relojes que tan solo dejaban pasar el tiempo y decidía arrancar de cuajo todas las pilas de todos los despertadores de todas las casas en las que nunca había amanecido.

Reía a carcajadas cuando todo era tan triste que no quedaban motivos para dejar de aguantar la respiración, sabía muy bien que cuando no le quedaba nada nada, no tenía nada que perder. Llevaba la razón siempre encima hasta el día que la desnudaron a escondidas de la suerte y la perdió entre unas sábanas del color de todas las mentiras que estaba cansada de escuchar. 

Odiaba los días pares que acababan en trece, soñaba despierta hasta el punto y coma de dejarse caer en cualquier poesía de cualquier escritor cualquier viernes treinta de febrero, para después romper todas y cada una de sus libretas con la punta de la lengua.

Era despistada, siempre se dejaba algún mechón suelto cerca de todos los cabos que tenía bien atados. Iba de puerto en puerto con la esperanza de que alguien se fijase en que lo importante no es el ancla, lo importante es el suelo.

Lloraba zumo de limón a litros por no dejarse las compasiones, se pasaba veinticinco horas al día rasgándose las penas entre las trenzas que más tarde se arrancaba con sus propias excusas. No era una chica fácil de entender, ni de desvestir, ni de retratar, ni de escribir. Pero sí, por desgracia, de querer.

Creía en las primeras veces, pero no en las segundas oportunidades. Tenía debilidad por las manos que decían cosas más bonitas que algunas bocas de poetas de bragueta, esos  que subestiman a las mentes inquietas que se atreven a leer la mierda que escupen en sus libros.

Era triste, era muy triste, pero estaba feliz. Cada mañana se despertaba con un beso, se hacía un buen café y se vestía con sus mejores motivos. Después salía a la calle a comerse el mundo a suspiros de su propia mano, se salvaba la vida en los pasos de cebra y en las rachas de resignación.

Escribía cada noche diecisiete folios, los mismos que quemaba a la mañana siguiente con el primer cigarro del día en el que esperaba convertirse en una persona nueva, sin éxito. Se sentaba en silencio a escuchar el sabor de su último orgasmo y se relamía los sueños.

Tenía tan solo diecinueve años y setenta y nueve cicatrices.




martes, 5 de mayo de 2015

Amen, amén

Insensible, como el que se tatúa en el pecho el nombre de su musa con agujas oxidadas
pensando en el amor antes que en el dolor de las consecuencias
Infiel, como la que se acuesta con un desconocido sin nombre
ignorando su historia y el dolor de las consecuencias

Ha nacido un secreto entre los folios de esa poesía que nunca he llegado a escribir, me busca arrastrándose por el techo destrozado del frío de mi último verano, gimiendo en mis entrañas están mis días de luto y mis salas de espera en consultas impacientes.

Ahora dime cómo le explico yo a mi psiquiatra que el problema no eres tú y que el motivo fue que fuiste.

Estoy demasiado feliz para estar triste, soy demasiado triste para ti.

Suerte.

Miénteme como si nadie nos estuviera viendo -encantada, el dolor es mío-

Qué cojones me importa a mi que se haya abierto una ventana si me he pillado los dedos con la puerta y tengo miedo a las alturas demasiado bajas.

Estoy bien, respondiéndote. Y esa ha sido la pregunta más triste que me han hecho nunca.

Soy más fuerte que el  pinta uñas de una histérica, pero más débil que una bomba nuclear. Si pudiese elegir un solo motivo para quedarme, me iría. -un placer desconocerte-

Sí, pero no.
 
Suerte.


lunes, 23 de marzo de 2015

Si mi vida estuviese hecha de pedazos, este sería uno de ellos


Recuerdo aquel día en el que me confesaste que las noches te parecían más cortas cuando amanecía tarde si no te dejaba dormir, ya sabes. Aquel día prendimos fuego a nuestras derrotas haciendo del humo nuestro propio refugio anti-daños, símbolo de la tolerancia como bandera, nos gustaba vernos arder. Dejamos las huellas de nuestras manos en las paredes de ese castillo que alquilamos sabiendo que no íbamos a volver, nuestras sombras hacían eco entre mis huesos y tu hueco de la cama, mi lado ahora está frío y vacío cada caja de nada para ver si no encuentro todo.
Siempre desayunábamos tostadas con aceite y calma, recogíamos nuestras ganas del suelo y las poníamos encima de la cama. A veces me vienen flashes de tu equipo de música al máximo a las once de la mañana, tú bailando en bragas por el salón haciendo que la vida tuviese un poco más de color y yo fotografiando ese momento con el objetivo de mis aurículas.
Tenía la manía de tatuarte en mi piel día a día, siempre tan transparente y a la vez tan dolorosa, decías que los problemas hay que aprender a hacerlos más pequeños, y tú me hiciste tan pequeña que acabaste perdiéndome de vista.
Ahora me pregunto si dormirás sola, o si otra piel me ha podido llegar a sustituir. Entre qué piernas bailarás los tangos que yo te enseñé a dominar, sobre qué labios perderás la inocencia de una noche incompleta, qué manos acariciarán ahora cada una de tus aristas, si alguien se habrá atrevido a intentar encontrar el tesoro del mapa que dibujan los lunares de tu espalda. Todas esas cosas que sé que querrás tener como quien intenta llenar de autosugestión un cubo sin fondo.
Me pregunto cómo de grande será tu vacío y cuantas veces habrás pasado al lado de alguien que haya acertado a llevar mi colonia. Ya has visto cómo empieza este laberinto, ya me he encargado yo de cerrar su final.