Acertando a pintarse las uñas sin
salirse por las líneas discontinuas de la carretera, acaba de tomar
una curva tan cerrada que se le ha abierto la mente. Las luces de la
calle le parecen fuegos articifiales, disfruta de su último cigarro
como si fuese su primer segundo de vida. Calada tras calada por la
lluvia le sonríe a los semáforos en rojo y cruza a ciegas con las manos en los bolsillos traseros de otro. No hay
nadie por las calles, la ciudad está abarrotada.
Suena en sus cascos una canción que
nunca ha escuchado y que se acaba de convertir en su canción casi
favorita, sexo y menos siete dramas en su cabeza dejando la luna medio
vacía, se llena de cerveza hasta desbordar de felicidad.
No puedes quererla bien porque no se
deja querer.
Cierra los labios y abre los ojos, todo
gira alrededor de sus dedos, anillos que destroza a puñetazos contra las paredes de su indiferencia. Echa a correr y frena en frío en
pleno verano, ¿de dónde cojones ha salido esta sonrisa de póquer? se pregunta
mientras mira su reflejo en los miles de ladrillos que acaba de salir por los aires. Es tan libre que se siente presa de ella misma, rompe sus
barrotes y entonces, solo entonces, echa a volar.
Quiérela aunque diga que no se deja
querer.
Camina pisando las baldosas amarillas
que se encienden justo delante de las puntas de sus miedos, se conoce
todos los caminos de todas las casas en las que un día le hizo perder
vergüenza al misterio. Ojos que no ven, noche que acaba en orgasmo. Pero se acaba de ir de tu ilusión dejando una nota en la encimera: 'no me
llames nunca, me verás en gran Vía cualquier día en el que yo no
esté allí.' Y mientras tanto ella espera desesperada teniendo
espejismos de su colonia entre las miles de personas que se atrevan a
llenar Madrid de pisadas.
Quiérela, joder.
Ha vuelto a la vida, ha encajado
perfectamente las llaves de su vida en una cerradura ciega y sin puerta. Entra
en casa de puntillas para no despertar sospechas a todos los
venconmigoparasiempre que no se han atrevido nunca a pedírselo. Es
nociva, veneno directo en vena, convierte en yonkies a todos los que
se atreven a rozarle los labios. Escasean sus cumplidos, convierte en
'quizá algún día' todo lo que toca, pero no toca nada.
Nunca.
Ódiala hasta no poder quererla más.