miércoles, 31 de diciembre de 2014

L a u r a

Escribir poesía es como desnudarte ante cualquiera que se atreva a leerte.

Ya me he desabrochado la camisa.

Ella es como el tacto de las sábanas frías al entrar en la cama con más sueño que sentidos
como saltar al vacío y encontrártelo lleno
el primer beso con los mismos labios de siempre
un papel arrugado con una obra de arte dibujada a arañazos
el estribillo de tu canción favorita sonando en el momento justo del orgasmo
llover en verano
sonreír en un funeral 
pedir la paz antes de una guerra
 que tú misma has querido empezar.


Mucha casualidad me parece que su nombre y libro empiecen por la misma letra.

Huele a naufragio nuevo en el fin del mundo y sabe que el tiempo que llevamos siendo no es ni una mínima parte del tiempo que nos queda. No es que sea una chica feliz, es que existe feliz y me hace feliz el simple hecho de que exista. Que perderse por Madrid con ella es encontrarse.
Es ese cactus al que hay que aprender a abrazar, ese mar que siempre choca contra mi orilla, que me acaricia con sus olas como leyéndome en braille. Puedo agarrar las cinco letras de su nombre con una sola mano, y sin embargo tiene un corazón que no le cabe en cualquier espejo.

Ella es la única inmortal con la que me atrevería vivir el resto de mi vida
tatuándome poesía
fumando en cualquier terraza
de cualquier bar
y con la certeza
de que voy a estar en buenos versos.







martes, 30 de diciembre de 2014

Esta carta de suicidio se autodestruirá en 3... 2... 1...

Esa cicatriz que aún sigue doliendo, susurrándome que ahí antes hubo una herida.
Y lo agradezco
el dolor es lo único que me recuerda que sigo estando viva.


Ya no distingo si son realidad mis pesadillas que te sueñan 
o es que me he vuelto loca
                                                mente 
                                                       triste.


Siempre que me desnudo, noto tus manos recorriendo mi cuerpo, y juraría haberte visto unas cuantas veces bailando en bolas por mi habitación nuestra canción favorita.


Podría escribir un libro hablando únicamente de la forma que tenías de desperezarte cada mañana que amanecías a  mi lado, y me faltarían poetas para llorar las pérdidas de este trágico accidente del que salen dos víctimas y dieciséis párrafos.


No sé si es añoranza o mi ley de imposibilidad lo que me hace tenerte tanto de menos y no poder echarte, pero es que no quiero quererte y te quiero demasiado como para dejar de hacerlo.
Mi nostalgia tiene el tacto de un colchón frío y huele a ti.


Debería presentarte a mi psiquiatra para que reconozca mi dolor, entendería por qué ya no me funcionan ni sus balas inhibidoras de serotonina.


A veces lloro café, y mis lágrimas saben a tu amargo recuerdo. Sigo buscando el azúcar por los armarios de tu cocina, pero no lo encuentro. 
Quizá sea porque en nuestro último café te echaste
                                                                         y te echaste
                                                                                            y te echaste 
                                                                                                              y me echaste  
de tu vida.
                                       

La cerveza me sabe al caos inordenablemente inhumano que no cesa de rebotar por todo mi cráneo envuelto en llamas y gritando que no duele. 
-Como si no me hubiesen mentido antes.-


A           gritos
ante        ti
bajo        tu sombra que no cabe en tu orgullo
con         fuerza
contra     la pared
de           frente
desde      abajo
en           tu centro de gravedad
entre       tus piernas
hacia       arriba
hasta       que te corras
para        no olvidarme nunca.


Si tantas margaritas me quieres, ¿por qué me has hecho deshojarlas a todas?
Como un asesino que vuelve al lugar del crimen esperando que la víctima siga viva
sujetando su propio corazón 
entre los dientes.


No muerdas la mano del que te da de comer
puedes acabar muriendo de hambre
puedes acabarte muerta y sin nombre
puedes acabarme
                        cuando todavía no he empezado a empezarme.




Estas alas me las he cosido yo misma
sin anestesia y con agujas oxidadas.



El morbo de lo difícil, de lo prohibido, de lo salvaje.
-Los imposibles solo son improbables a los que les ponen nombre los cobardes.-


Si me subes al cielo que sea con billete de vuelta, 
no me acompañes cada noche a casa
te he dicho que tengo mis propias alas.
Déjame aquí, ya me bajo la luna yo sola.

Te has llevado hasta lo que no quería regalarte
cuando seas vieja y no puedas atarte los cordones...      
                                      ...y no tengas 
                                           a nadie 
                                         que lo haga 
                                             por ti...



Llámame algún día, ya sabes dónde encontrarme
cuídate por mi
besos, o mejor solo uno.





miércoles, 24 de diciembre de 2014

Ya no me quiero

Que soy yo la que no volverá a pedirte que vuelvas, y la que nunca volverá a ser quien era.
Como cada fin de semana de agosto, prepararé café para dos y romperé una taza con todas mis fuerzas contra el suelo esperando que se dibuje tu recuerdo en los miles de pedazos en los que en realidad me veré yo reflejada.
Lloraré ácido a litros derramados por mis mejillas y me beberé los bares a hidalgos hasta que cierren con la incerteza de volver a casa casi entera y sola.
Y todas las caladas de todos mis porros llevarán tu nombre.
Seguiré pensando que nadie tiene la más mínima idea de lo que es morir por amor
y seguir con vida

de amar hasta morir

                                     y seguir con vida

    y no quererla.



Todas las noches me acostaré pensando en todo lo que hemos podido ser y no somos, y me despertaré queriendo olvidar que simplemente ya no eres.
Buscaré la forma de arrancarme el corazón con mis propias manos para que deje de dolerme tanto tu ausencia/indiferencia/tú sin que puedas verme sangrar más.

Seguiré soñando pesadillas que terminan en insomnio y que saben a la maldita facilidad que tenías para hacerme dormir entre mis miedos y si ellos.
Echaré de menos lo que tú echaste de más para echarme las culpas, y así no encontrar motivos por los que seguir intentando sacar comodines de unas cartas que ya estás echadas.
Y te pensaré
                   y te pensaré
                                       y te pensaré
                                                           y te pensaré
                                                                                y pensaré

que no existe persona en el universo que pueda devolverme a la vida
porque
mi vida
la tienes tú.

martes, 23 de diciembre de 2014

Dispara(s)te

El peso de la nostalgia se pincha y se vuela
se cuela como alergia en herida abierta
alma cerrada
puerta blindada
corazón de cristal en una vida desierta.
Despierta
ya no te queda más que la mentira incierta
alerta a la corazonada formada de fachada
en pesadilla despierta
de mirada tuerta
no acierta a ver que no le debe nada.
Asustada
ha caído en la definitiva empezada
no se aclara con la inexperta
y no acepta la oferta
se niega a creer que ya está terminada.

Deseada
descubierta
silenciada
muerta.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

C o r a z ó n

Estoy enferma
Pero no es ese tipo de enfermedad que se cura con un puñado de placebos
con buena apariencia aunque de sabor horrible
-como tú-
mucho reposo inútil
que solo te hace perder el tiempo que no te sobra
-como tú-
y poca agitación
que solo te hace estar más agitado de lo que ya faltaba

no.


Me he auto diagnosticado tristeza crónica en tercer grado de ti.

Ni ansiolíticos
ni psicólogos
ni somníferos
ni psicoanálisis
ni antidepresivos
ni terapia
ni psiquiatras

lo que necesito
-y me falta-
empieza por c
y o acaba en razón
o la he perdido
y estoy perdida.

lunes, 15 de diciembre de 2014

El cuarto piso aplastado

Yo no elegí esto.

Yo no quise este insomnio
                                          de mente
                                                          demente
                                                                          presente
                                                                                          intermitentemente
                                                                                                                        impaciente.

Ese frío que me deja el calor que no busco y me encuentra
los silencios cómodos sin nadie que los escuche
disparos entre los dedos
muñecas rusas
rotas
musas
prosas
excusas
preciosas
putas

Mitades partidas por la mitad a medias y hechas pedazos.

Yo no quise querer 
pero tengo sin ello lo que quiero y no
le
debo
nada
a
nadie.

jueves, 11 de diciembre de 2014

(;)

Dejé de verlo todo negro
cuando me quité la venda de los ojos
para atármela al cuello
acostumbrada a la oscuridad, ahora solo quiero que llegue la noche
y me consuma.

Me corté el pelo
porque al menos no deja cicatrices
con las manos en el fuego, dejo que este crezca
a la vez que olvido lo muchísimo que le echo
-de menos-
de mi vida.

Dejé de llorar  océanos
cuando le vi ahogándose en seco y frenando en vacío
-mis demonios han aprendido a nadar-
su vaso está medio lleno porque gotea arrepentimiento
nunca ha sido de admitir sus derrotas.

Me empecé a querer
cuando dejó de hacerlo
pasó por encima de mi cadáver vivo
como quien pasa por una moda absurda
en silencio
de hacerme bien y el amor a la vida gris
soy demasiados pedazos para que cualquier paciencia se pare a juntarlos
cosidos mis labios al puto infierno.

Dejé la conciencia en el desván
y me encontré un corazón de segunda muerte
con forma de isla vacía
luna llena de cactus
con miedos menguantes
en cuartos crecientes de hoteles rústicos para orgasmos míticos
siempre sola.

Me tatué sus promesas
en las cuencas de los ojos
con los que ya no se deja ver
esperando un dolor que nunca superará al que me hizo
y aún así, todas las madrugadas me desvisto
de luto
y desnuda de duda
me busco.

Semicolon.