Y lo agradezco
el dolor es lo único que me recuerda que sigo estando viva.
Ya no distingo si son realidad mis pesadillas que te sueñan
o es que me he vuelto loca
mente
triste.
Siempre que me desnudo, noto tus manos recorriendo mi cuerpo, y juraría haberte visto unas cuantas veces bailando en bolas por mi habitación nuestra canción favorita.
Podría escribir un libro hablando únicamente de la forma que tenías de desperezarte cada mañana que amanecías a mi lado, y me faltarían poetas para llorar las pérdidas de este trágico accidente del que salen dos víctimas y dieciséis párrafos.
No sé si es añoranza o mi ley de imposibilidad lo que me hace tenerte tanto de menos y no poder echarte, pero es que no quiero quererte y te quiero demasiado como para dejar de hacerlo.
Mi nostalgia tiene el tacto de un colchón frío y huele a ti.
Debería presentarte a mi psiquiatra para que reconozca mi dolor, entendería por qué ya no me funcionan ni sus balas inhibidoras de serotonina.
A veces lloro café, y mis lágrimas saben a tu amargo recuerdo. Sigo buscando el azúcar por los armarios de tu cocina, pero no lo encuentro.
Quizá sea porque en nuestro último café te echaste
y te echaste
y te echaste
y me echaste
de tu vida.
La cerveza me sabe al caos inordenablemente inhumano que no cesa de rebotar por todo mi cráneo envuelto en llamas y gritando que no duele.
-Como si no me hubiesen mentido antes.-
A gritos
ante ti
bajo tu sombra que no cabe en tu orgullo
con fuerza
contra la pared
de frente
desde abajo
en tu centro de gravedad
entre tus piernas
hacia arriba
hasta que te corras
para no olvidarme nunca.
Si tantas margaritas me quieres, ¿por qué me has hecho deshojarlas a todas?
Como un asesino que vuelve al lugar del crimen esperando que la víctima siga viva
sujetando su propio corazón
entre los dientes.
No muerdas la mano del que te da de comer
puedes acabar muriendo de hambre
puedes acabarte muerta y sin nombre
puedes acabarme
cuando todavía no he empezado a empezarme.
Estas alas me las he cosido yo misma
sin anestesia y con agujas oxidadas.
El morbo de lo difícil, de lo prohibido, de lo salvaje.
-Los imposibles solo son improbables a los que les ponen nombre los cobardes.-
Si me subes al cielo que sea con billete de vuelta,
no me acompañes cada noche a casa
te he dicho que tengo mis propias alas.
Déjame aquí, ya me bajo la luna yo sola.
Te has llevado hasta lo que no quería regalarte
cuando seas vieja y no puedas atarte los cordones...
...y no tengas
a nadie
que lo haga
por ti...
Llámame algún día, ya sabes dónde encontrarme
cuídate por mi
besos, o mejor solo uno.
-Como si no me hubiesen mentido antes.-
ResponderEliminarComo si fuese la primera vez. Que te leo. Que te veo. Mi naufragio.
Eres la única sal que tolero en mis heridas.
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