Como cada fin de semana de agosto, prepararé café para dos y romperé una taza con todas mis fuerzas contra el suelo esperando que se dibuje tu recuerdo en los miles de pedazos en los que en realidad me veré yo reflejada.
Lloraré ácido a litros derramados por mis mejillas y me beberé los bares a hidalgos hasta que cierren con la incerteza de volver a casa casi entera y sola.
Y todas las caladas de todos mis porros llevarán tu nombre.
Seguiré pensando que nadie tiene la más mínima idea de lo que es morir por amor
y seguir con vida
de amar hasta morir
y seguir con vida
y no quererla.
Buscaré la forma de arrancarme el corazón con mis propias manos para que deje de dolerme tanto tu ausencia/indiferencia/tú sin que puedas verme sangrar más.
Seguiré soñando pesadillas que terminan en insomnio y que saben a la maldita facilidad que tenías para hacerme dormir entre mis miedos y si ellos.
Echaré de menos lo que tú echaste de más para echarme las culpas, y así no encontrar motivos por los que seguir intentando sacar comodines de unas cartas que ya estás echadas.
Y te pensaré
y te pensaré
y te pensaré
y te pensaré
y pensaré
que no existe persona en el universo que pueda devolverme a la vida
porque
mi vida
la tienes tú.
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