sábado, 16 de mayo de 2015

Tormenta seca

Tiembla el suelo, observa impasible, se rompen los cristales en más de siete continentes.

grita

Hace exactamente doce vidas que aprendió a bailar bajo las tormentas eléctricas, sortea los rayos haciéndose una ralla encima de los charcos de desesperación que han llorado otros, pero ella no. Ejerce de funambulista sobre los renglones torcidos que ni Dios ha sido capaz de enderezar, se sienta todas las noches en el borde de su precipicio favorito a desojar margaritas secas mientras balancea los pies sobre su destino.

y grita
Araña las pizarras con los dientes, es la primera en llegar a todas las traiciones y parques de atracciones con montañas rusas que suben y prometen, y bajan, y mienten. Caída libre desde el infierno, siente el vértigo de no sentir absolutamente nada.

y grita

¿Sabes lo que es fuego? Fuego es ella.
Tiene la extraña manía de quererse cada día más de lo que se podría permitir. Mastica chinchetas con chicles de menta y escupe mariposas a todas sus ex-tequieropero que ahora se mueren de frío.
Odia mentir, aunque lo haga; 
odia querer, aunque lo haga; 
odia echar de menos, aunque lo haga; 
odia haberse visto siendo de alguien más ególatra que este texto, pero como todos: necesitamos tener a quien echarle las culpas cuando todo va mal, a quien quitarle las ganas cuando nos va bien.

Acaba de confesar que no le gusta estar sola, que prefiere estar consigo misma. Quiere sentir algo que no sea el peso del mundo o la ausencia de tristeza. No le mires directamente a los ojos, sabe por dónde vas. Es de las que se cortan el pelo por no cortarse la cabeza

y grita.



miércoles, 13 de mayo de 2015

Serendipity


¿Hola?

Genial, el buzón de voz.

Llámame cuando escuches esto, anda.

Me he despertado a las 5:37 en una cama que no era la mía rodeada de petacas y dardos fluorescentes, estaba corriendo hacia la nada para llegar al centro de tu afirmación silenciada cuando me ha encontrado una hoguera a la que he tirado todos nuestros recuerdos, y me ha parecido verte arder entre las llamas.
Estaba acercandome a ti cuando me he quemado las manos.
No recordaba lo mucho que escocías hasta que has desaparecido con la misma rapidez con la que llegaste a mi centro de control, y me he visto llena de llagas en las que no has dejado de meter el cuerpo entero mientras volvía a casa para contarte esto. Y sigues tirándome limón a las heridas ahora que te hablo de lo preciosa que quedaría tu ausencia entre luces de neón y humo azul.
Esforzarme en olvidarte es como intentar apagar un fuego con alcohol
acabar bebiéndomelo
y quemándome por gilipollas.

Son las 6:42 y ahora lo entiendo
tú eres las llamas
mejor no me llames.


-Click.-

viernes, 8 de mayo de 2015

Rotos descosidos


Se paseaba descalza por sus ruinas tarareando su canción favorita mientras jugaba con una moneda de aire haciéndola bailar entre sus dedos. Siempre que sorprendía a alguien mirando fijamente al vacío se sentía identificada con los relojes que tan solo dejaban pasar el tiempo y decidía arrancar de cuajo todas las pilas de todos los despertadores de todas las casas en las que nunca había amanecido.

Reía a carcajadas cuando todo era tan triste que no quedaban motivos para dejar de aguantar la respiración, sabía muy bien que cuando no le quedaba nada nada, no tenía nada que perder. Llevaba la razón siempre encima hasta el día que la desnudaron a escondidas de la suerte y la perdió entre unas sábanas del color de todas las mentiras que estaba cansada de escuchar. 

Odiaba los días pares que acababan en trece, soñaba despierta hasta el punto y coma de dejarse caer en cualquier poesía de cualquier escritor cualquier viernes treinta de febrero, para después romper todas y cada una de sus libretas con la punta de la lengua.

Era despistada, siempre se dejaba algún mechón suelto cerca de todos los cabos que tenía bien atados. Iba de puerto en puerto con la esperanza de que alguien se fijase en que lo importante no es el ancla, lo importante es el suelo.

Lloraba zumo de limón a litros por no dejarse las compasiones, se pasaba veinticinco horas al día rasgándose las penas entre las trenzas que más tarde se arrancaba con sus propias excusas. No era una chica fácil de entender, ni de desvestir, ni de retratar, ni de escribir. Pero sí, por desgracia, de querer.

Creía en las primeras veces, pero no en las segundas oportunidades. Tenía debilidad por las manos que decían cosas más bonitas que algunas bocas de poetas de bragueta, esos  que subestiman a las mentes inquietas que se atreven a leer la mierda que escupen en sus libros.

Era triste, era muy triste, pero estaba feliz. Cada mañana se despertaba con un beso, se hacía un buen café y se vestía con sus mejores motivos. Después salía a la calle a comerse el mundo a suspiros de su propia mano, se salvaba la vida en los pasos de cebra y en las rachas de resignación.

Escribía cada noche diecisiete folios, los mismos que quemaba a la mañana siguiente con el primer cigarro del día en el que esperaba convertirse en una persona nueva, sin éxito. Se sentaba en silencio a escuchar el sabor de su último orgasmo y se relamía los sueños.

Tenía tan solo diecinueve años y setenta y nueve cicatrices.




martes, 5 de mayo de 2015

Amen, amén

Insensible, como el que se tatúa en el pecho el nombre de su musa con agujas oxidadas
pensando en el amor antes que en el dolor de las consecuencias
Infiel, como la que se acuesta con un desconocido sin nombre
ignorando su historia y el dolor de las consecuencias

Ha nacido un secreto entre los folios de esa poesía que nunca he llegado a escribir, me busca arrastrándose por el techo destrozado del frío de mi último verano, gimiendo en mis entrañas están mis días de luto y mis salas de espera en consultas impacientes.

Ahora dime cómo le explico yo a mi psiquiatra que el problema no eres tú y que el motivo fue que fuiste.

Estoy demasiado feliz para estar triste, soy demasiado triste para ti.

Suerte.

Miénteme como si nadie nos estuviera viendo -encantada, el dolor es mío-

Qué cojones me importa a mi que se haya abierto una ventana si me he pillado los dedos con la puerta y tengo miedo a las alturas demasiado bajas.

Estoy bien, respondiéndote. Y esa ha sido la pregunta más triste que me han hecho nunca.

Soy más fuerte que el  pinta uñas de una histérica, pero más débil que una bomba nuclear. Si pudiese elegir un solo motivo para quedarme, me iría. -un placer desconocerte-

Sí, pero no.
 
Suerte.


lunes, 23 de marzo de 2015

Si mi vida estuviese hecha de pedazos, este sería uno de ellos


Recuerdo aquel día en el que me confesaste que las noches te parecían más cortas cuando amanecía tarde si no te dejaba dormir, ya sabes. Aquel día prendimos fuego a nuestras derrotas haciendo del humo nuestro propio refugio anti-daños, símbolo de la tolerancia como bandera, nos gustaba vernos arder. Dejamos las huellas de nuestras manos en las paredes de ese castillo que alquilamos sabiendo que no íbamos a volver, nuestras sombras hacían eco entre mis huesos y tu hueco de la cama, mi lado ahora está frío y vacío cada caja de nada para ver si no encuentro todo.
Siempre desayunábamos tostadas con aceite y calma, recogíamos nuestras ganas del suelo y las poníamos encima de la cama. A veces me vienen flashes de tu equipo de música al máximo a las once de la mañana, tú bailando en bragas por el salón haciendo que la vida tuviese un poco más de color y yo fotografiando ese momento con el objetivo de mis aurículas.
Tenía la manía de tatuarte en mi piel día a día, siempre tan transparente y a la vez tan dolorosa, decías que los problemas hay que aprender a hacerlos más pequeños, y tú me hiciste tan pequeña que acabaste perdiéndome de vista.
Ahora me pregunto si dormirás sola, o si otra piel me ha podido llegar a sustituir. Entre qué piernas bailarás los tangos que yo te enseñé a dominar, sobre qué labios perderás la inocencia de una noche incompleta, qué manos acariciarán ahora cada una de tus aristas, si alguien se habrá atrevido a intentar encontrar el tesoro del mapa que dibujan los lunares de tu espalda. Todas esas cosas que sé que querrás tener como quien intenta llenar de autosugestión un cubo sin fondo.
Me pregunto cómo de grande será tu vacío y cuantas veces habrás pasado al lado de alguien que haya acertado a llevar mi colonia. Ya has visto cómo empieza este laberinto, ya me he encargado yo de cerrar su final.

domingo, 22 de marzo de 2015

Desiertos de hielo

Grítame en silencio
muérdeme por dentro
arrastra tus mentiras por mis labios
hasta dejármelos secos.
Océanos vacíos
desiertos de hielo
tu cinismo crea eco entre los huecos de mis huesos
que otras
                rellenan
                              con versos.

Ni cierra y no vuelvas ni quédate en la puerta
no tenías que haber llamado nunca.


Corazón con coraza y con razón te rechaza
no entiende de miedo
no pone amenaza 
no siente primero aunque crea en lo eterno
si quiere yo espero
si hiere le puedo.

Despegaste hacia el suelo olvidando que nunca quisiste aprender a volar, tan cobarde como el que se hace el muerto en vez de luchar en una guerra casi ganada, tan triste como una despedida sin palabras, tan ingénua como una niña pequeña que espera un futuro lleno de pétalos de rosa.

No vales nada cuando no tienes nada que ofrecer
y hace mucho que te acabaste.


Tu frío en mi nuca
todas mis caladas saben a tu último 'pero'
sin mi yo no



ya no te quiero.



sábado, 7 de marzo de 2015

Vamo(no)s

Eres tan impredecible como un mentiroso que afirma que está diciendo la verdad
tan caos que no se ve por dónde empiezas ni dónde pretendes acabar
tan devastadora como un tornado que se destroza a sí mismo
por el simple placer de destrozar
tan incomprensible como un mensaje a las siete cervezas y cinco de la madrugada
tan duda como el que pierde la oportunidad de su vida por no querer arriesgar
tan incógnita como la caja de Pandora en manos de un cobarde
tan infrangible y tan cristal que destrozas y cortas a partes iguales.


Me sabe la boca a cerveza y a tu recuerdo
amargo.


Busco un café caliente
o un café frío
pero templado 
no te quiero.