Insensible, como el que se tatúa en el
pecho el nombre de su musa con agujas oxidadas
pensando en el amor antes que en el
dolor de las consecuencias
Infiel, como la que se acuesta con un
desconocido sin nombre
ignorando su historia y el dolor de las consecuencias
Ha nacido un secreto entre los folios
de esa poesía que nunca he llegado a escribir, me busca
arrastrándose por el techo destrozado del frío de mi último
verano, gimiendo en mis entrañas están mis días de luto y mis
salas de espera en consultas impacientes.
Ahora dime cómo le explico yo a mi
psiquiatra que el problema no eres tú y que el motivo fue que
fuiste.
Estoy demasiado feliz para estar
triste, soy demasiado triste para ti.
Suerte.
Miénteme como si nadie nos estuviera viendo -encantada, el dolor es mío-
Qué cojones me importa a mi que se
haya abierto una ventana si me he pillado los dedos con la puerta y tengo
miedo a las alturas demasiado bajas.
Estoy bien, respondiéndote.
Y esa ha sido la pregunta más triste que me han hecho nunca.
Soy más fuerte que el pinta uñas de una histérica, pero más débil que una bomba nuclear. Si pudiese elegir un solo motivo para quedarme, me iría. -un placer desconocerte-
Sí, pero no.
Suerte.
Te quiero.
ResponderEliminar