Ya no juega con sus muñecas rotas
le gusta correr por la esfera de su reloj biológico
en contra del sentido de la realidad.
Sopla piruletas y chupa dientes de león
mientras tararea su canción favorita
-esa que suena en todas las bodas
en las que la novia se da a la fuga-.
Desde que miró fijamente al Sol
ha perdido su sombra
desarmada y desalmada sangra en seco
frena en vacío hasta que desborda
nunca ha sido de mentir
tampoco de decir la verdad.
Lleva el pasado en la espalda cosido con hilos de aluminio
no le queda ni un solo espejo que no haya roto con sus propios latidos
siete años de buena suerte para el que sea capaz de reflejarse en ella
sin romperse.
Le gusta el algodón de azúcar, las películas de amor y el olor a incienso
dice que le hacen olvidar a todos los diablos que le comen la cabeza
-porque alma ya no le queda-.
Le gustan los ramos de flores, el ruido del silencio y notar el frío en la cara
dice que no dice nada que haya pensado antes
piensa que no piensa nada que no vaya a decir después
se deja llevar
se dejaron las llaves de su jaula dentro
de su corazón que estaba fuera
de la jaula
que estaba abierta.
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