el escenario es mi cama y el telón sube con los latidos
baja tus defensas, mis disparos traducidos a mordiscos son más fuertes que tus propias excusas.
Has traído el Sáhara a nuestro enero
quiero mover primero.
Y te dejas llevar
como un gato que busca calor entre mis labios
todos
ellos.
Empezamos ese juego de 'a ver quién puede más, quién piensa menos y quién lleva el control.'
Y no nos controlamos
y nos controlamos
queriendo hacernos marionetas del sexo
presas de un sexto sentido
la prisa de tu risa
las ganas de la mía.
No conozco paisaje más bonito que el de tu espalda en horizontal, tus brazos en vertical y tu lengua dibujando constelaciones sobre mis hombros, haciendo como si el mundo no pesara una mierda.
Tus dientes rodean mis aristas y el suelo se viste con nuestra ropa
entre tus piernas
hueles a libro nuevo escrito en braille,
quiero leerte con las yemas de mis dedos.
Me susurras a voces que no pare
me gritas bajito que me quieres
somos como dos alfileres
que se pinchan hasta quemarse.
Te beso tu centro de gravedad de la mejor forma que ha sabido nadie y todavía te preguntas cómo soy capaz de levantar tu mundo con un suspiro; me pegas a ti como si me quisieras tatuar en tu propia piel, ya no sé dónde terminan los orgasmos y dónde empiezan los gemidos.
Noto con los labios cómo brillas haciéndole sombra al propio cartel de Hollywood,
eres como dieciséis mil granadas de confeti explotando a la vez entre mis arterias,
bandera blanca a todas las vergüenzas
le he pedido una tregua a nuestras derrotas.
Despacio, sin prisa
deprisa, sin espacio.
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