Siempre he sido más de gritar 'vete'
que de decir que nos estamos cayendo.
Parece que solo nos entendemos en silencio
entre líneas y a peores
todavía no entiendo cómo podemos seguir besándonos las heridas cada día que nos eclipsamos, en vez de partirnos la cara a dudas y tormentas.
Me he dado impulso y cuenta,
una mano es suficiente para estrangular un pasado
y en presente el problema es que nos proclamamos mancos
y desdichados
como si la suerte fuese algo inevitable.
No sé si es esta
o es que hay que creer en las excepciones
aquel instante que ideé verte caer en mis manos
en ficción me estabas tapando los ojos con las tuyas
y me dejaste caer sobre rosas
que desgarran
con espinas preciosas
hasta que me pudriese ahí
bonita
engañada
y sola.
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